Este es el camino. Anden en él (Is. 30:21).

El pueblo de Jehová constituye “un solo rebaño” bajo el “un solo pastor”, Jesucristo (Juan 10:16). Jesús les aseguró a sus discípulos que estaría con ellos “todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas” (Mat. 28:20). Si queremos permanecer unidos y seguros dentro del rebaño de Dios, tenemos que prestar atención a la “palabra detrás de [nosotros]” que nos indica el camino en que debemos andar. Esa “palabra” incluye lo que dice el espíritu santo mediante las páginas de la Biblia y lo que dicen Jehová y Jesús mediante los pastores que han nombrado (Rev. 3:22). Las Escrituras señalan que Satanás anda “como león rugiente, procurando devorar a alguien” (1 Ped. 5:8). Lo mismo que una fiera hambrienta, está acechando al rebaño, esperando la oportunidad para abalanzarse sobre los que se hallan desprevenidos y los que se han extraviado. Esta es otra razón de peso para mantenernos cerca del rebaño y de Jehová, el “pastor y superintendente de [nuestras] almas” (1 Ped. 2:25).w13 15/11 4:16, 17

¡Miren!, un caballo blanco; y el que iba sentado sobre él tenía un arco; y le fue dada una corona (Rev. 6:2).

Quienes se niegan a reconocer la inmensa autoridad que ha recibido Jesucristo, el victorioso Jinete del caballo blanco, pronto tendrán que admitir su error. No podrán escapar del juicio divino. Muchos clamarán aterrorizados: “¿Quién puede estar de pie?” (Rev. 6:15-17). El siguiente capítulo de Revelación contesta esa pregunta. Los ungidos y los que abrigan la esperanza terrenal estarán “de pie” porque habrán obtenido la aprobación divina. Entonces, la “gran muchedumbre” de las otras ovejas sobrevivirá a la gran tribulación y entrará en el nuevo mundo (Rev. 7:9, 13-15). Cristo pronto completará su victoria sobre esta sociedad perversa en la justa guerra del Armagedón (Rev. 19:11, 19-21). ¡Qué futuro tan feliz nos aguarda! (Rev. 20:1-3, 6;21:3, 4.) w14 15/1 5:4, 18, 19

Cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas (Mat. 24:33).

Muchas personas sufren cierto tipo de ceguera ante los acontecimientos mundiales. Tal vez reconozcan que el mundo ha cambiado muchísimo desde 1914, pero no comprenden lo que eso realmente significa. Por nuestro estudio de la Biblia, nosotros sabemos que, en cierto sentido, el Reino de Dios vino en 1914, cuando Jesús fue coronado Rey en los cielos. Pero también sabemos que aún no se ha contestado por completo la oración “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mat. 6:10). Obviamente, para que la voluntad de Dios se haga en la Tierra como se hace en el cielo, primero tiene que desaparecer el presente sistema malvado. Gracias a nuestro estudio constante de la Palabra de Dios, nosotros podemos ver que hay profecías cumpliéndose ahora mismo. ¡Qué contraste con el resto de las personas! Están tan absortas en su propia vida y en sus deseos que pasan por alto las pruebas de que Cristo ha estado reinando desde 1914 y pronto ejecutará la sentencia divina sobre este mundo. w14 15/1 5:2, 3

Porque yo resultaré estar contigo, y ciertamente derribarás a Madián como si fuera un solo hombre (Juec. 6:16).

Según el capítulo 6 de Jueces, cuando el ángel de Jehová visitó a Gedeón en Ofrá, los vecinos madianitas eran una verdadera amenaza para Israel. Por esa razón, Gedeón no estaba trillando el trigo en campo abierto, sino en un lagar en el que podría esconder rápidamente el valioso grano. Sorprendido de que el ángel se le apareciera y lo llamara “valiente y poderoso”, Gedeón le preguntó si Jehová, que había liberado a los israelitas de Egipto, de verdad iba a ayudarlos, a lo que el ángel le garantizó que Jehová iba a respaldarlo. Gedeón se preguntaba cómo sería posible que él “salvar[a] a Israel de la palma de la mano de Madián”. La respuesta que recibió de Dios se halla en el texto de hoy. Notemos que la conversación muestra a las claras que Jehová era real para Gedeón (Juec. 6:11-15). w14 15/2 4:7, 8

Estarás conmigo en el Paraíso (Luc. 23:43).

Millones de personas hemos tomado la sabia decisión de servir a Jehová y seguir con atención los pasos de Jesucristo (Mat. 16:24; 1 Ped. 2:21). No consideramos de poca importancia el hecho de haber dedicado nuestra vida a Dios. En realidad, tal elección no se basó en un conocimiento superficial de unos cuantos textos bíblicos, sino en un estudio cuidadoso de la Palabra de Dios. Gracias a él aprendimos muchos detalles que nos fortalecieron la fe, detalles relacionados con la herencia que Jehová ofrece a los que adquieren conocimiento de él y de su enviado, Jesucristo (Juan 17:3; Rom. 12:2). Un número relativamente pequeño de cristianos anhela recibir “una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible”: el inestimable privilegio de gobernar con Cristo en los cielos (1 Ped. 1:3, 4). Las otras ovejas recibirán la herencia que los pecadores Adán y Eva nunca recibieron: vida eterna en un paraíso terrestre sin más sufrimiento, muerte o lamento (Rev. 21:1-4). w13 15/5 5:1, 3

Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes (Heb. 10:24).

Tras establecerse el Reino de Dios en 1914, Satanás fue expulsado del cielo y arrojado a la Tierra, por lo que siente “gran cólera, sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo” (Rev. 12:7-9, 12). A medida que se acerca el Armagedón, el Diablo se vale de todo tipo de ataques para debilitarnos. Y a esto le tenemos que añadir las presiones de la vida cotidiana (Job 14:1; Ecl. 2:23). En ocasiones, la suma de tantas dificultades puede agotarnos de tal manera que no tengamos las fuerzas emocionales y espirituales suficientes para luchar contra el desánimo. Ese fue el caso de un hermano que por muchas décadas había fortalecido en sentido espiritual a decenas de personas. En su vejez, él y su esposa se enfermaron, y aquello lo desanimó muchísimo. Igual que él, todos nosotros necesitamos que Jehová nos dé “el poder que es más allá de lo normal” y que nuestros hermanos nos animen (2 Cor. 4:7). w13 15/8 3:3

Cesen de amoldarse a este sistema de cosas; más bien, transfórmense (Rom. 12:2).

Los antiguos romanos no hacían mucho por tener una relación personal con sus deidades. Para ellos, la religión consistía principalmente en ritos conectados con los nacimientos, las bodas y los funerales, ritos que eran parte de su vida diaria. Todo aquello imponía muchas presiones a los cristianos de Roma. Muchos de ellos se habían criado en ese ambiente, así que para ser auténticos cristianos necesitaban transformarse. Y esa transformación no acabaría el día de su bautismo. El mundo de hoy también es un lugar peligroso para los cristianos. ¿Por qué? Porque el espíritu del mundo está por todas partes (Efes. 2:2, 3; 1 Juan 2:16). Día tras día nos vemos expuestos a los deseos, ideas, valores y normas morales de este mundo, así que estamos en constante peligro de ser asimilados por él. De modo que tenemos muchas razones para seguir el consejo de Pablo registrado en el texto de hoy. w1315/9 3:7, 8

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