Les rogamos, hermanos, que no se dejen confundir tan fácilmente (2 Tes. 2:1, 2, Traducción en lenguaje actual).

La experiencia demuestra que uno de los principales modos de mantenernos en guardia y evitar que nos confundan o engañen es participar regularmente en la predicación de las buenas nuevas. Cuando Jesucristo, Cabeza de la congregación, les encomendó a sus seguidores hacer discípulos de gente de todas las naciones y enseñarles a observar lo que habían aprendido de él, en realidad les estaba encargando una labor que les serviría de protección a ellos mismos (Mat. 28:19, 20). Para cumplir con esa comisión, tenemos que predicar con entusiasmo. ¿Acaso nos imaginamos a los hermanos de Tesalónica predicando de manera mecánica, tan solo por cumplir? Recordemos las palabras que les dirigió Pablo: “No apaguen el fuego del espíritu. No traten con desdén el profetizar” (1 Tes. 5:19, 20). ¿Y verdad que las profecías que enseñamos nos infunden un sentido de urgencia? w13 15/12 1:14

La vida pasa rápidamente, y volamos (Sal. 90:10).

Cuando usted comience a cuidar a su padre o a su madre, investigue todo lo que pueda sobre sus dolencias. Si él o ella sufre una enfermedad degenerativa, entérese de los cambios que puede esperar (Prov. 1:5). Al pensar en cómo van a cambiar sus circunstancias familiares, usted pudiera sentirse desconcertado. Por ejemplo, podría tener una sensación de pérdida, o sentirse aturdido o confuso. Hable de ello con algún amigo de confianza. Y sobre todo, ábrale su corazón a Jehová, pues él le dará la paz mental que necesite para afrontar cualquier situación (Sal. 55:22; Prov. 24:10;Filip. 4:6, 7). Es bueno que los mayores y sus familias se informen con tiempo de las opciones disponibles. Por ejemplo, ¿convendría que el padre o la madre viviera con uno de los hijos? ¿O sería mejor que ingresara en una residencia de ancianos? ¿Qué otras opciones habría? Este análisis les permite prepararse para el “penoso afán” que conlleva la vejez. w14 15/3 4:4, 5

Estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor (Mat. 9:36).

¿Por qué se hallaban las muchedumbres en ese estado tan lastimoso? Porque los que tenían la responsabilidad de enseñar la Ley al pueblo eran hipócritas, ásperos y exigentes. En vez de ayudar y alimentar a las ovejas de su rebaño, los líderes religiosos de Israel les ponían “cargas pesadas” sobre los hombros (Mat. 23:4). Los pastores cristianos de nuestros días —los ancianos nombrados— tienen una gran responsabilidad. Las ovejas que atienden son de Jehová y de Jesús, quien se llamó a sí mismo “el pastor excelente” (Juan 10:11). Jesús pagó por ellas un precio muy alto: su propia “sangre preciosa” (1 Cor. 6:20; 1 Ped. 1:18, 19). Él las ama tanto que sacrificó voluntariamente su vida por ellas. Los ancianos siempre deben recordar que son pastores que trabajan bajo la supervisión del amoroso Hijo de Dios, Jesucristo, el “gran pastor de las ovejas” (Heb. 13:20). w13 15/11 5:2, 3

El espíritu y la novia siguen diciendo: “¡Ven!”. Y cualquiera que oiga, diga: “¡Ven!”. Y cualquiera que tenga sed, venga; cualquiera que desee, tome gratis el agua de la vida (Rev. 22:17).

Ver la condición de miseria espiritual en que viven las personas a las que predicamos hace que apreciemos más la verdad. La gente del mundo no cuenta con una guía confiable para lograr satisfacción y felicidad. A la mayoría les preocupa el futuro y no tienen ninguna esperanza. Le buscan significado a la vida, pero hasta los que son religiosos saben muy poco de las Escrituras. Se parecen mucho a la gente de la antigua Nínive (Jon. 4:11). Una mayor participación en el ministerio nos permite ver más claramente el contraste que existe entre la condición espiritual de las personas a quienes predicamos y la de los siervos de Jehová (Is. 65:13). Y nos recuerda que Dios no se limita a satisfacer nuestras necesidades espirituales, sino que invita a todos a recibir alivio espiritual y una esperanza verdadera. w13 15/9 5:4

Salió venciendo y para completar su victoria (Rev. 6:2).

La descriptiva profecía del capítulo 6 de Revelación indicaba que, tras el establecimiento del Reino de Dios, las condiciones mundiales empeorarían rápidamente. Habría guerras, escasez de alimento, enfermedades y otras causas de muerte, y estos sucesos están representados por el avance de tres jinetes que siguen de cerca a Jesucristo (Rev. 6:3-8). Se predijo que la guerra iba a “quitar de la tierra la paz”, y eso mismo ocurrió. La Primera Guerra Mundial puede considerarse la primera de muchas guerras importantes que han quitado la paz de la Tierra. Y a pesar de los avances económicos y científicos que se han visto desde 1914, la escasez de alimento sigue amenazando la seguridad mundial. Además, ¿quién puede negar que todo tipo de epidemias, desastres naturales y otras plagas mortales siguen cobrándose millones de víctimas todos los años? El alcance, la frecuencia y la gravedad de estas desgracias no tienen precedente en la historia humana. ¿Se da cuenta usted de lo que eso significa? w14 15/1 5:4, 5

Oh Jehová, ¿quién será huésped en tu tienda? (Sal. 15:1.)

Para que Jehová sea nuestro Amigo tenemos que satisfacer ciertas condiciones. En el Salmo 15, David indicó lo que se requiere para ser “huésped en [la] tienda” de Jehová, es decir, para ser amigo de Dios. Dos de esos requisitos son no calumniar y ser honrados en todo. David escribió que quien es huésped en la tienda de Jehová “no ha calumniado con su lengua […] ni ha tomado un soborno contra el inocente” (Sal. 15:3, 5). En otro salmo, David advirtió: “Salvaguarda tu lengua contra lo que es malo” (Sal. 34:13). Si desobedeciéramos este consejo y cayéramos en la calumnia, se abriría una brecha entre nosotros y nuestro justo Padre celestial. En realidad, la calumnia es una marca distintiva del Diablo, el gran enemigo de Jehová. El términodiablo procede de una palabra griega que significa “calumniador”. Así pues, controlar lo que decimos acerca de los demás nos ayuda a conservar la amistad con Jehová. En especial, debemos vigilar nuestra actitud hacia los hombres nombrados en la congregación (Heb. 13:17; Jud. 8). w14 15/2 4:10, 11

Cuando llegué a verla, entonces caí sobre mi rostro (Ezeq. 1:28).

Para que los propósitos de Jehová se cumplan, están sucediendo muchas más cosas que las que podemos ver. Por ejemplo, el profeta Ezequiel vio la parte invisible de la organización de Dios representada por un enorme carruaje celestial. Este podía moverse a gran velocidad y cambiar de dirección en un instante (Ezeq. 1:15-21). Con cada giro de sus ruedas se desplazaba a grandes distancias. Ezequiel también observó algunos detalles del Conductor del carruaje: “Llegué a ver algo como el fulgor del electro, como la apariencia del fuego todo alrededor […]. Era la apariencia de la semejanza de la gloria de Jehová” (Ezeq. 1:25-28). El profeta debió quedar boquiabierto y admirado. Contempló a Dios controlando perfectamente su organización, dirigiendo cada movimiento mediante su espíritu santo. ¡Qué impresionante visión de la parte celestial de la organización de Jehová en acción! w13 15/4 3:6

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