Hablen a toda la asamblea de Israel (Éx. 12:3).

Es vital que obedezcamos a quienes hoy nos dirigen. Pensemos en el conducto que empleó Jehová para comunicarse con su pueblo en momentos trascendentales. Cuando los israelitas salieron de Egipto, recibieron instrucciones de Jehová por medio de Moisés y Aarón, que fueron los portadores de los mandatos divinos (Éx. 12:1-7, 21-23, 29). Lo más seguro es que recordemos muchas otras ocasiones registradas en la Biblia en las que Jehová envió representantes angélicos o humanos con instrucciones para la salvación de sus siervos. En todos esos casos, a Dios le pareció bien delegar algo de su autoridad. Los mensajeros hablaron en su nombre y le dijeron al pueblo lo que tenía que hacer para no perder la vida. ¿Acaso Jehová no podría hacer algo parecido cuando llegue el Armagedón? Claro está, todo anciano a quien hoy se le concede el honor de representar a Jehová o a su organización debe tener muchísimo cuidado de no abusar de la autoridad que se le ha confiado. w1315/11 4:14, 15

Acuérdate de tu Magnífico Creador en los días de tu mocedad (Ecl. 12:1).

Joven, ¿cómo puedes “acordarte” de Jehová? Solo sirviéndole con todo tu corazón (Deut. 10:12). Esa decisión es la más importante de tu vida, pues marcará el camino que seguirás de ahí en adelante (Sal. 71:5). Claro, la decisión de servir a Jehová no es la única que influirá en tu futuro. Por ejemplo, también tendrás que decidir si quieres casarte y con quién, o cómo te ganarás la vida. Pero, aunque esos asuntos son importantes, harás bien en plantearte primero si deseas servir a Jehová con toda tu alma (Deut. 30:19, 20). ¿Por qué? Porque esas decisiones están conectadas entre sí. Lo que decidas sobre el matrimonio y el empleo influirá en tu servicio a Dios (compare con Lucas 14:16-20). Y a la inversa, tu deseo de servir a Dios influirá en tus decisiones sobre el matrimonio y el empleo. Por eso, decide primero qué será lo más importante en tu vida (Filip. 1:10). w14 15/1 3:3, 4

Cíñete la espada sobre tu muslo. Sigue adelante al éxito (Sal. 45:3, 4).

Pronto se destruirá a “la gran ramera”, Babilonia la Grande, el imperio mundial de la religión falsa (Rev. 17:1, 5, 16, 17; 19:1, 2). Luego, Cristo ejecutará la sentencia de Dios contra el resto del sistema malvado de Satanás en la Tierra destruyéndolo en el Armagedón (Rev. 16:14-16; 19:19-21). Y por último, el Rey Guerrero completará su victoria arrojando al abismo a Satanás y sus demonios, reduciéndolos a un estado de inactividad semejante a la muerte (Rev. 20:1-3). En cuanto a los ungidos, van resucitando en el cielo a medida que llegan al fin de su vida en la Tierra durante la presencia de Cristo. Algún tiempo después de la destrucción de Babilonia la Grande, Jesús reunirá junto a él a los miembros restantes de la novia (1 Tes. 4:16, 17). Por consiguiente, todos los miembros de la novia estarán en el cielo antes de que estalle la guerra del Armagedón. Después de esa guerra, podrá celebrarse la boda del Cordero (Rev. 19:7). w14 15/2 2:10-12

¡Basta! Ahora, oh Jehová, quítame el alma (1 Rey. 19:4).

Los sentimientos de Elías eran reales. A solas, comenzó a pensar en lo inútil que había sido su labor. Se había juzgado a sí mismo según sus propias normas y había llegado a la conclusión de que era un fracaso, que no valía para Jehová ni para nadie más. Pero el Todopoderoso veía las cosas de manera diferente. A sus ojos, Elías era muy valioso, y se aseguró de hacérselo saber. ¿Qué hizo? Le envió un ángel con el fin de fortalecerlo. También le suministró comida y bebida que lo sostendría durante su viaje de cuarenta días al monte Horeb. Y le mostró con bondad que estaba equivocado al pensar que era el único israelita que se había mantenido leal. Note además que Dios le encargó nuevas misiones, las cuales Elías aceptó. El profeta se benefició mucho de la ayuda que Jehová le brindó y retomó su comisión con energías renovadas (1 Rey. 19:5-8, 15-19). w14 15/3 2:12, 14, 15

El pequeño mismo llegará a ser mil, y el chico una nación poderosa. Yo mismo, Jehová, lo aceleraré a su propio tiempo (Is. 60:22).

En la actualidad hay millones de hombres y mujeres anunciando unidos por toda la Tierra las buenas nuevas del Reino (Mat. 24:14). Ahora bien, Jesús dio a entender que a algunos cristianos les costaría mantenerse centrados en la predicación durante los últimos días, es decir, que se distraerían por estar “cargados” con otras cosas (Luc. 21:34). Hoy somos testigos del cumplimiento de esas palabras. Algunos miembros del pueblo de Dios se están enredando en otros asuntos. Eso se nota en las decisiones que toman en campos como el empleo, la educación superior, las posesiones o el tiempo que dedican a los deportes y las diversiones. Otros cristianos se están cansando debido a las presiones y las inquietudes diarias. Por eso hacemos bien en preguntarnos: “¿Cómo me va a mí? ¿Qué revelan las decisiones que tomo sobre lo que es más importante en mi vida?”. w13 15/4 3:3

El que está mostrando perspicacia en un asunto hallará el bien (Prov. 16:20).

En Génesis 2:18 leemos que Dios hizo a la mujer para que fuera un complemento del hombre, no una copia de él. A la mayoría de las mujeres les gusta hablar de sus sentimientos, de las personas y de las relaciones humanas. Ellas valoran la comunicación afectuosa e íntima, pues las hace sentirse amadas. Por otro lado, muchos hombres están menos dispuestos a hablar de sus sentimientos; prefieren conversar sobre problemas y soluciones o sobre actividades como el trabajo o la recreación. Además, los hombres desean que se les respete. El esposo perspicaz tiene en cuenta los sentimientos de su esposa y trata de adaptarse a la situación. También le demuestra que sus ideas y sentimientos le importan (1 Ped. 3:7). Por su parte, ella se esfuerza por entender la forma de pensar de él. Cuando ambos comprenden, valoran y cumplen el papel que la Biblia les asigna, disfrutan de una relación muy hermosa. Juntos pueden tomar decisiones sabias y equilibradas, y llevarlas a la práctica. w13 15/5 3:4, 5

Con alguien leal actuarás en lealtad (2 Sam. 22:26).

Un hermano dijo: “Jehová siempre sostuvo a David, hasta cuando era un fugitivo que tenía que refugiarse en cuevas. ¡Eso me fortalece tanto! Me recuerda que, sin importar lo sombría que parezca la situación, Jehová estará a mi lado mientras yo siga fiel”. Sin duda, todos sentimos lo mismo (Rom. 8:38, 39). ¿De qué otros modos demuestra Jehová que es leal? Uno es manteniéndose fiel a sus normas. Él nos asegura: “Aun hasta la vejez de uno yo soy el Mismo” (Is. 46:4). Sus decisiones siempre se basan en sus invariables normas sobre lo bueno y lo malo (Mal. 3:6). Además, permanece fiel a su palabra, es decir, cumple sus promesas (Is. 55:11). Su lealtad nos beneficia a todos sus siervos fieles, pues cuando hacemos lo posible por obedecer sus normas, podemos estar seguros de que cumplirá su promesa de bendecirnos (Is. 48:17, 18). w13 15/6 3:4-6

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