El deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado (Sant. 1: 15).

En su afán de romper nuestra relación con Dios, Satanás dirige sus ataques a la cuna de nuestros deseos: el corazón. ¿Cómo ataca el Diablo nuestro corazón? Sus armas incluyen “las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15, 16). El Diablo lleva miles de años diseñando el sistema malvado que hoy nos rodea. Puesto que vivimos en este mundo, debemos estar en guardia contra sus astutas estrategias (Juan 17:15). Satanás se vale de trampas para corromper los deseos de nuestro corazón. El apóstol Juan mencionó tres de los señuelos que utiliza: 1) “el deseo de la carne”, 2) “el deseo de los ojos” y 3) “la exhibición ostentosa del medio de vida”. El Diablo recurrió a los tres cuando tentó a Jesús en el desierto. Y los ha estado empleando durante tanto tiempo que hoy es un verdadero experto y sabe cuál usar con cada persona teniendo en cuenta sus debilidades. w13 15/8 4:4-6