Todo hombre tiene que ser presto en cuanto a oír (Sant. 1:19).

Para mantener abiertas las líneas de comunicación en la familia, todos deben prestar atención —verdadera atención— cuando los demás hablan. Padres, ¿escuchan de verdad a sus hijos? No es tan fácil cuando uno está cansado o cuando le parece que están hablando de algo de poca importancia. Pero lo que a ustedes les parece trivial puede ser muy importante para ellos. Ser “presto en cuanto a oír” no solo implica estar atento a lo que su hijo dice, sino a cómo lo dice. Su tono de voz y su lenguaje corporal les dará una idea de lo que él siente y piensa. No olviden, además, hacerle preguntas, pues la Biblia indica que “el consejo en el corazón del hombre [es decir, sus pensamientos] es como aguas profundas, pero el hombre de discernimiento es el que lo sacará” (Prov. 20:5). El discernimiento y la perspicacia son fundamentales para descubrir lo que su hijo piensa sobre temas delicados. w13 15/5 4:7, 8