Nosotros recibimos, no el espíritu del mundo, sino el espíritu que proviene de Dios (1 Cor. 2:12).

¿Qué es “el espíritu del mundo”? Es el mismo mencionado en Efesios 2:2, que habla de quienes “en un tiempo anduvieron conforme al sistema de cosas de este mundo, conforme al gobernante de la autoridad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia”. Dicho “aire” representa la actitud mental de este mundo, un espíritu que, como el aire, está por todas partes. Se traduce en lemas tan comunes hoy día como “A mí nadie me dice lo que tengo que hacer” o “Lucha por tus derechos”. Quienes manifiestan esta actitud son “los hijos de la desobediencia” del mundo de Satanás. Esta actitud no es nueva. En tiempos de Moisés, algunos israelitas como Coré, Datán y Abiram se rebelaron contra quienes habían recibido autoridad en la congregación de Israel (Núm. 16:3, 12-14). Está claro que a Jehová no le agradó esa actitud, pues ejecutó a todos los rebeldes (Núm. 16:28-35). w12 15/10 2:4, 5

En tres ocasiones del año se presentará todo varón tuyo delante del rostro del Señor verdadero, Jehová (Éx. 23:17).

Jehová ordenó a los israelitas que acudieran a Jerusalén año tras año para celebrar tres fiestas: la de las Tortas no Fermentadas, la de las Semanas (después llamada Pentecostés) y la de las Cabañas. Muchos cabezas de familia comprendían los beneficios espirituales de estas ocasiones, así que asistían a ellas con toda su familia (1 Sam. 1:1-7; Luc. 2:41, 42). Piense en lo que suponía para una familia israelita hacer ese viaje. José y María, por ejemplo, tenían que recorrer unos 100 kilómetros (60 millas) de Nazaret a Jerusalén. Debía de ser una experiencia singular viajar en grupo, cocinar para tantos y encontrar alojamiento adecuado en lugares poco conocidos. Pero las condiciones eran lo bastante seguras para que a un jovencito de 12 años se le concediera cierto margen de libertad (Luc. 2:44-46). w12 15/9 5:11, 12

El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo? (Jer. 17:9.)

Hoy día, los médicos utilizan la tecnología más moderna para examinar el corazón y comprobar su estado. No obstante, Jehová va mucho más allá, como hizo en tiempos de Jeremías. Está especialmente capacitado para ello, según indican sus palabras: “Yo, Jehová, estoy escudriñando el corazón, [...] para dar a cada uno conforme a sus caminos, conforme al fruto de sus tratos” (Jer. 17:10). Escudriñar el corazón no exige un examen médico del órgano literal, que en setenta u ochenta años puede latir unos 3.000 millones de veces. Más bien, Jehová se refirió al corazón simbólico, que representa lo que la persona es en su interior y engloba sus deseos, pensamientos, inclinaciones, actitudes y metas. Ese “corazón” está en todos nosotros. Dios puede examinarlo, y, hasta cierto grado, nosotros también. w13 15/3 2:6

Reedificaré la cabaña de David (Hech. 15:16).

Cuando los judíos fueron desterrados en Babilonia, quedó claro que “la cabaña de David” había caído. Ellos llegaron a una ciudad donde reinaba la religión falsa y tuvieron que estar allí setenta años, del 607 al 537 antes de nuestra era. ¿Qué los ayudó a mantener viva su espiritualidad? Lo mismo que ayuda hoy al pueblo de Dios en este mundo gobernado por Satanás: una rica herencia espiritual (1 Juan 5:19). Es verdad que los judíos exiliados en Babilonia no tenían las Escrituras completas, pero sí tenían la Ley mosaica, que incluye los Diez Mandamientos. También conocían “las canciones de Sión” y los animadores relatos de siervos de Dios que vivieron antes que ellos. Además, podían recordar muchos proverbios. No es de extrañar que lloraran al pensar en Sión y que no se olvidaran de Jehová (Sal. 137:1-6). Su herencia espiritual los ayudó a mantenerse cerca de Jehová pese a las innumerables doctrinas y prácticas religiosas falsas de Babilonia. w13 15/2 2:1, 3, 4

[Jesús] iba viajando de ciudad en ciudad [...], predicando y declarando las buenas nuevas del reino de Dios (Luc. 8:1).

Tenemos el honor de participar en la obra más importante que Dios ha confiado a los seres humanos: predicar el mensaje del Reino y hacer discípulos (Mat. 24:14; 28:19, 20). Estamos muy agradecidos de contar con el incomparable ejemplo de Jesús. Como él, necesitamos tener fe y ser valientes para hablar del Reino. Con el apoyo de Jehová podemos imitar a Noé, quien fue un valeroso “predicador de justicia” en un mundo malvado y condenado a perecer en el diluvio universal (2 Ped. 2:4, 5). La oración nos ayuda a cumplir con nuestra misión de predicar. Cuando unos seguidores de Jesús que estaban siendo perseguidos le pidieron a Dios valor para hablar de su Palabra, él se lo concedió (Hech. 4:29-31). Si a usted le cuesta predicar de casa en casa por culpa de la timidez, pídale a Jehová más fe y valor, y él se lo dará (Sal. 66:19, 20). w13 15/1 1:18, 19

Daré a pueblos el cambio a un lenguaje puro (Sof. 3:9).

Algunos gobiernos humanos exigen que quienes solicitan la ciudadanía hablen el idioma mayoritario del país. Incluso después de haberla obtenido, a algunas personas les toma años dominar esa lengua. Quizás aprendan rápidamente las reglas gramaticales, pero pronunciar bien las palabras les cuesta más. De igual modo, el Reino de Dios exige a sus ciudadanos aprender lo que la Biblia llama el “lenguaje puro”. ¿Qué es ese lenguaje? Es la verdad sobre Dios y sus propósitos, la cual se halla en la Biblia. “Hablar” el lenguaje puro significa obedecer las leyes y principios divinos. Los ciudadanos del Reino de Dios tal vez aprendan enseguida las enseñanzas bíblicas fundamentales. Pero incluso después de su bautismo, todos deben esforzarse por “hablar” el lenguaje puro cada vez mejor. ¿De qué manera? Cerrando la brecha entre lo que saben sobre los principios bíblicos y lo que hacen en la práctica. w12 15/8 2:4

Vi una bestia salvaje [...] con diez cuernos y siete cabezas (Rev. 13:1).

Tan pronto como dio comienzo el día del Señor, la séptima cabeza lanzó un ataque contra el pueblo de Dios, es decir, los hermanos de Cristo que quedaban en la Tierra (Mat. 25:40). Jesús había predicho que, durante su presencia, un resto de la descendencia estaría activo en la Tierra (Mat. 24:45-47; Gál. 3:26-29). Pues bien, la potencia mundial angloamericana inició una “guerra contra los santos” (Rev. 13:3, 7). Durante la Primera Guerra Mundial persiguió al pueblo de Dios, prohibió algunas de sus publicaciones y encarceló a varios representantes de la organización de Jehová. De hecho, logró que la predicación quedara en un punto muerto durante cierto período, tal y como Jehová le había revelado a Juan. No obstante, Dios también le anunció a Juan que la parte secundaria de la descendencia reviviría y aumentaría su actividad espiritual (Rev. 11:3, 7-11). ¿Se cumplieron estas predicciones? La historia de los siervos de Jehová de tiempos modernos así lo atestigua. w12 15/6 2:26

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“Es más ventajoso examinar el texto diario y los comentarios de este folleto por la mañana. Sentirá como si Jehová, el Magnífico Instructor, lo despertara con sus instrucciones. Se nos dice proféticamente que Jesucristo se beneficia de las órdenes de su Padre todas las mañanas: ‘[Jehová] despierta mañana a mañana; me despierta el oído para que oiga como los enseñados’. Esas instrucciones dieron a Jesús ‘la lengua de los enseñados’ para que ‘supiera responder al cansado con una palabra’ (Isa. 30:20; 50:4; Mat. 11:28-30). Despertarse para recibir consejo oportuno de la Palabra de Dios todas las mañanas no solo le ayudará a afrontar sus propios problemas, sino que lo equipará con ‘la lengua de los enseñados’ para ayudar a otras personas”.

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