El rey anhelará tu belleza, porque es tu señor, de modo que inclínate ante él (Sal. 45:11).

A lo largo de los siglos, Jesús ha estado preparando a su futura esposa para su boda celestial. El apóstol Pablo explicó que “Cristo […] amó a la congregación y se entregó por ella, para santificarla, limpiándola con el baño de agua por medio de la palabra, para presentarse él a sí mismo la congregación en su esplendor, sin que tenga mancha, ni arruga, ni ninguna de tales cosas, sino que sea santa y sin tacha” (Efes. 5:25-27). Pablo también les dijo a los cristianos ungidos de la antigua Corinto: “Estoy celoso [por] ustedes con un celo piadoso, porque yo personalmente los prometí en matrimonio a un solo esposo para presentarlos cual virgen casta al Cristo” (2 Cor. 11:2). El Novio, el Rey Jesucristo, valora la belleza espiritual de su futura esposa. Y ella reconoce a su futuro esposo como su “señor” y “[se inclina] ante él”. w14 15/2 2:5, 7