Fue con corazón completo que hicieron ofrendas voluntarias (1 Crón. 29:9).

Había dos cosas que Jehová exigía de todo israelita que le hiciera ofrendas voluntarias. En primer lugar, la persona tenía que dar lo mejor. Jehová solo aprobaba los sacrificios de animales sanos (Lev. 22:18-20). En segundo lugar, quien ofrecía el sacrificio tenía que estar limpio e incontaminado según la Ley. En caso de que estuviera contaminado, antes tenía que recuperar el favor de Dios llevándole una ofrenda por el pecado o una ofrenda por la culpa (Lev. 5:5, 6, 15). Era un asunto serio, pues la Ley castigaba con la muerte a la persona que estando contaminada comiera de un sacrificio de comunión, que podía ser una ofrenda voluntaria (Lev. 7:20, 21). Por el contrario, si estaba limpia a los ojos de Dios y su sacrificio no tenía defecto, podía regocijarse y disfrutar de una conciencia tranquila. w13 15/12 2:5, 6