Sus murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová (Éx. 16:8).

Jehová y Jesús son pastores perfectos; en cambio, los pastores humanos a quienes han confiado el cuidado de las congregaciones no lo son. Quizás a algunos hermanos les cueste seguir su guía. Puede que piensen: “Son tan imperfectos como yo. ¿Por qué tienen que decirme lo que debo hacer?”. Sin embargo, no deberíamos centrarnos en sus faltas y debilidades. Las Escrituras registran con toda sinceridad las faltas de personas que Jehová utilizó para dirigir a su pueblo en el pasado (2 Sam. 12:7-9; Mat. 16:18, 19; Juan 13:38; 18:27; Gál. 2:11-14). Al incluir en la Biblia relatos que reflejan los defectos de hombres a quienes él había nombrado, Dios mostró que puede utilizar hombres imperfectos para guiar a su pueblo. Por consiguiente, no deberíamos usar las imperfecciones de quienes nos dirigen como excusa para quejarnos de ellos o menospreciar su autoridad. w13 15/11 4:11-13