Que se quiten toda amargura maliciosa, cólera, ira, gritería y habla injuriosa (Efes. 4:31).

Los padres pueden fijarse en el ejemplo de Jesús al educar a sus hijos. Imaginemos la inmensa tensión que debía de sentir mientras celebraba su última cena con los apóstoles. Sabía que en pocas horas iba a sufrir una muerte lenta y dolorosa. La santificación del nombre de su Padre y la salvación de la familia humana dependían de su fidelidad. Pero en aquella misma cena “se suscitó entre [los apóstoles] una disputa acalorada sobre quién de ellos parecía ser el mayor”. Jesús no se puso a gritarles ni a reprenderlos, sino que con calma razonó con ellos. Recordó que habían permanecido a su lado en momentos difíciles. Y aunque Satanás iba a ponerlos a prueba, Jesús expresó su confianza en que se mantendrían fieles y hasta hizo un pacto con ellos (Luc. 22:24-32). w13 15/5 4:15, 16