Sean de juicio sano (1 Ped. 4:7).

Todos somos pecadores e imperfectos, así que estamos lejos de tener un cuerpo y una mente completamente sanos (Sal. 51:5; Rom. 3:23). Además, a muchos de nosotros Satanás nos tuvo cegada la mente; no conocíamos a Jehová ni sus justas normas (2 Cor. 4:4; Tito 3:3). Por eso, si nos basáramos exclusivamente en lo que a nosotros nos parece bueno y razonable, podríamos estar engañándonos, sin importar lo bien que hayamos pensado nuestras decisiones (Prov. 14:12). Ninguno de nosotros está sano por completo en cuerpo y mente, pero Jehová, nuestro Padre celestial, es perfecto en todo sentido (Deut. 32:4). Felizmente, él ha hecho posible que transformemos nuestra mente y cultivemos buen juicio (2 Tim. 1:7). Los cristianos deseamos pensar, razonar y actuar con sensatez. Y para conseguirlo, debemos dominar nuestros pensamientos y sentimientos e imitar la forma de pensar, sentir y actuar de Jehová. w13 15/9 4:4-6