Tú eres mi auxilio y el Proveedor de escape para mí (Sal. 40:17).

Un padre amoroso no solo provee a sus hijos de lo que necesitan, sino que también busca protegerlos. Instintivamente, trataría de rescatarlos si estuvieran en peligro. Un hermano cuenta que cierto día, siendo un niño, su padre y él volvían a casa después de predicar, cuando se encontraron con un torrente de agua que les cerraba el paso. El arroyo se había desbordado debido a las fuertes lluvias de la mañana, y no les quedaba más remedio que cruzarlo saltando por grandes piedras. Él iba delante de su padre, pero en una piedra perdió el equilibrio, cayó al agua y se hundió dos veces. El padre inmediatamente lo agarró con fuerza por el hombro y lo salvó de morir ahogado. ¡Qué agradecido estaba! De igual manera, nuestro Padre celestial nos libra de los violentos torrentes de este mundo malvado y de su gobernante, Satanás. Jehová es sin duda alguna el mejor Protector que podamos tener (Mat. 6:13; 1 Juan 5:19). w14 15/2 3:14, 15