Considerémonos unos a otros, animándonos unos a otros (Heb. 10:24, 25).

En el antiguo Israel, la nación debía reunirse a fin de escuchar y aprender (Deut. 31:10-12). Los judíos del siglo primero tenían la costumbre de ir a las sinagogas a leer las Escrituras (Luc. 4:16; Hech. 15:21). Y cuando se formó la congregación cristiana, se siguió dando mucha importancia a las reuniones. Hoy también son parte fundamental de nuestra adoración a Jehová. De hecho, una manera excelente de animarnos unos a otros es participando en las reuniones. Por ejemplo, podemos expresar nuestra fe respondiendo una pregunta, indicando la aplicación de un texto bíblico o contando una experiencia breve que demuestre que seguir los principios bíblicos da buenos resultados (Sal. 22:22; 40:9). Sin importar cuántos años llevemos asistiendo a las reuniones, seguro que todos estamos de acuerdo en que los comentarios sinceros de nuestros hermanos jóvenes y mayores nos animan mucho. w13 15/4 4:4, 5