Si no tiene lo suficiente para una oveja, entonces tiene que traer dos tórtolas (Lev. 5:7).

En el antiguo Israel, los sacrificios eran la base para recibir el perdón de pecados y la aprobación de Jehová. Algunos eran obligatorios, mientras que otros eran voluntarios (Lev. 23:37, 38). Las ofrendas quemadas, en las que se ofrecía el animal completo a Dios, podían ser sacrificios voluntarios, o dádivas, hechos a Jehová. Él comprendía que no todos podrían ofrecer lo mismo, así que esperaba de cada cual solo lo que sus circunstancias le permitieran. Su Ley estipulaba que se ofrecieran animales y se derramara su sangre, pues estos sacrificios eran “una sombra de las buenas cosas por venir” a través de Jesús (Heb. 10:1-4). Ahora bien, Jehová era flexible y comprensivo. Por ejemplo, si un israelita no podía ofrecer un animal del rebaño o de la vacada, aceptaba que le ofreciera unas tórtolas en su lugar. De este modo, hasta los pobres tenían la oportunidad de hacer sacrificios (Lev. 1:3, 10, 14). w13 15/12 2:4, 5