En cuanto a mí, el acercarme a Dios es bueno para mí. En el Señor Soberano Jehová he puesto mi refugio (Sal. 73:28).

Con estas palabras, el salmista manifestó su confianza en Dios. ¿Qué circunstancias lo llevaron a expresarse así? Él había visto la paz de los malvados y se había lamentado con amargura: “En vano he limpiado mi corazón y lavo mis manos en la inocencia misma” (Sal. 73:2, 3, 13, 21). Pero entrar en “el magnífico santuario de Dios” le ayudó a cambiar su modo de pensar y a conservar su amistad con el Creador (Sal. 73:16-18). Aquella experiencia le enseñó a este hombre fiel una lección vital: para mantener una buena relación con Jehová, es indispensable buscar la compañía de otros siervos de Dios y aplicar los consejos divinos (Sal. 73:24). Nosotros también queremos disfrutar de una estrecha amistad con el Dios vivo y verdadero. Para conseguirlo, es esencial que nos dejemos moldear por sus consejos y su disciplina, lo que nos convertirá en personas agradables a sus ojos. w13 15/6 4:1, 2