Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa (2 Tim. 3:16).

Al utilizar hábilmente la Palabra de Dios en el ministerio, le damos a nuestro prójimo la oportunidad de vivir para siempre. Pero esa no es la única ayuda con la que contamos. Jehová también nos ha dado su espíritu santo para efectuar esta obra (Zac. 4:6; Luc. 11:13). ¡Qué privilegio es participar en esta labor que honra a nuestro Padre y Proveedor! En vista de todo lo que Jehová nos ha dado, hacemos bien en preguntarnos: “¿Estoy esforzándome al máximo en el ministerio para demostrarle cuánto agradezco sus dádivas? ¿En qué debo mejorar para predicar las buenas nuevas más hábilmente?”. Demostraremos que estamos agradecidos si ponemos los intereses del Reino en primer lugar en la vida. Entonces, Jehová se encargará de cubrir nuestras necesidades (Mat. 6:25-33). El cariño con que él nos cuida nos impulsa a hacer todo lo posible por regocijar su corazón (Prov. 27:11). w14 15/2 3:12, 13