Tienes que inculcar las palabras de Dios en tu hijo y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes (Deut. 6:7).

Por lo general, los hijos quieren a sus padres y los padres quieren a sus hijos. Esto es así especialmente en los hogares cristianos. No obstante, aunque a padres e hijos les encantaría disfrutar de una relación estrecha, no siempre les resulta fácil comunicarse. A muchas familias les cuesta mucho encontrar tiempo para tener comunicación de calidad. Sin embargo, no siempre ha sido así. En el antiguo Israel, los hijos pasaban el día con la madre en casa o con el padre en el campo o en su lugar de trabajo. Todos disponían de muchísimo tiempo para estar juntos y conversar. Eso permitía a los padres conocer a fondo las necesidades, los deseos y la personalidad de sus hijos. Y estos, a su vez, podían conocer bien a sus padres. ¡Cómo han cambiado los tiempos! w13 15/5 4:2-4