Si produce fruto en el futuro, bien está; pero si no, la cortarás (Luc. 13:9).

Jesús usó el tiempo que le quedaba antes de su muerte —unos seis meses— para intensificar su labor de predicación en Judea y Perea. En vista de lo avanzado que está el tiempo del fin, es vital que nosotros también redoblemos nuestros esfuerzos en la predicación (Dan. 2:41-45). ¡Qué gran honor es ser testigos de Jehová! Somos el único pueblo en la Tierra que ofrece una esperanza de solución real a los problemas de la humanidad. Hace poco, un periodista afirmó que la pregunta “¿Por qué le ocurren cosas malas a la gente buena?” es imposible de responder. Pues bien, Dios nos ha otorgado a los cristianos el privilegio y la responsabilidad de llevar las respuestas bíblicas a preguntas como esa a todo el que esté dispuesto a escuchar. Tenemos buenas razones para “[fulgurar] con el espíritu” al llevar a cabo esa comisión (Rom. 12:11). Con la bendición divina, nuestra evangelización celosa ayudará a más personas a conocer y amar a Jehová. w13 15/5 2:5, 6