Nuestros hermanos han hecho que se nos derrita el corazón (Deut. 1:28).

¿Qué podría hacer que un siervo fiel se empezara a quejar de Dios en el corazón? Veamos el ejemplo de los israelitas. El pueblo de Dios había sido liberado de la esclavitud que sufría en Egipto. Jehová había traído 10 plagas sobre esa nación opresora y había acabado con el faraón y su ejército en el mar Rojo (Éx. 12:29-32, 51; 14:29-31; Sal. 136:15). Ahora que los israelitas al fin estaban listos para entrar en la Tierra Prometida, justo en ese momento tan crucial, se pusieron a quejarse de Jehová. ¿A qué se debió esa falta de fe? Su corazón tembló al oír el desalentador informe de algunos que habían sido enviados a espiar la tierra (Núm. 14:1-4). ¿Cuál fue el resultado? A toda aquella generación se le impidió entrar en esa “buena tierra” (Deut. 1:34, 35). ¿Y nosotros? ¿Dejamos a veces que los comentarios negativos de otros nos debiliten la fe y nos lleven a quejarnos de la manera en que Jehová nos trata? w13 15/8 2:6, 7