Mejor es un puñado de descanso que un puñado doble de duro trabajo (Ecl. 4:6).

En muchas familias, la responsabilidad de atender a los padres parece recaer sobre un solo hijo o hija, normalmente el que vive más cerca. Pero el llamado cuidador principal debe equilibrar las necesidades de sus padres con las de su propia familia. Su tiempo y energías no son ilimitados. Además, su situación puede cambiar, y en ese caso habría que revisar todo el plan. Por eso conviene preguntarse: ¿está algún miembro de la familia asumiendo demasiadas obligaciones? ¿Podrían colaborar más los otros hijos, quizá turnándose en el cuidado de sus padres? Cuando un padre necesita ayuda permanente, existe el peligro de que el cuidador se agote. El esfuerzo constante puede ser abrumador. Los cuidadores que se hallan en esa situación deben ser razonables y plantearse si necesitan ayuda. El que otros los ayuden de tanto en tanto tal vez evite tener que recurrir precipitadamente a los servicios de una residencia de ancianos. w14 15/3 4:14, 15