Su deleite está en la ley de Jehová (Sal. 1:2).

Hay personas que son capaces de recitar pasajes bíblicos de memoria. Sin embargo, su conocimiento quizás tiene poco o ningún efecto en su modo de pensar o en su forma de vivir. ¿Qué les falta? Para ser transformado por la Palabra de Dios, uno debe permitir que esta “se ahonde” en su corazón (Gál. 6:6, nota). Por lo tanto, debemos dedicar tiempo a pensar en lo que aprendemos. Nos conviene preguntarnos: “¿Estoy convencido de que lo que he aprendido es mucho más que un simple conjunto de enseñanzas religiosas? ¿Acaso no he visto en mi propia vida pruebas de que es la verdad? Además, ¿veo formas de aplicar personalmente los principios bíblicos, o solo los veo como algo que enseñar a otros? ¿Siento que Jehová me está hablando a mí?”. Si reflexionamos en estas preguntas, nuestros sentimientos por Jehová se harán más profundos. Nuestro amor por él crecerá. Y cuando el corazón se conmueva de esa forma, nos impulsará a hacer los cambios necesarios (Prov. 4:23; Luc. 6:45). w13 15/9 3:17, 18