La tontedad del hombre terrestre tuerce su camino, y por eso su corazón se enfurece contra Jehová mismo (Prov. 19:3).

¿Realmente podríamos enojarnos con Jehová? Está claro que no serviría de nada (Is. 41:11). A fin de cuentas, ¿qué conseguiríamos con eso? Un poeta dijo una vez: “Tu brazo es muy corto para boxear con Dios”. Ahora bien, aunque quizás nunca lleguemos al punto de expresar audiblemente una queja contra Dios, podríamos enojarnos con él en nuestro corazón, pues el texto de hoy dice que la tontedad del hombre “tuerce su camino, y por eso su corazón se enfurece contra Jehová mismo”. Tal actitud quizá se manifieste de maneras no tan obvias. Al estar resentidos con Jehová, podríamos dejar de apoyar plenamente las actividades teocráticas o distanciarnos de la congregación. ¿Cómo podemos evitar esa trampa? Es esencial que demos respuesta a esta pregunta, pues nuestra relación con Dios depende de ello. w13 15/8 2:4, 5