Que no se ponga el sol estando ustedes en estado provocado, ni dejen lugar para el Diablo (Efes. 4:26, 27).

Sería de ingenuos pensar que el orgullo nunca va a surgir en el matrimonio. Por eso, si surge, debemos admitirlo y tomar medidas rápidamente. Cuando pasamos por alto los consejos de la Palabra de Dios, sufrimos sin necesidad. “En algunas ocasiones, mi esposo y yo no hemos seguido el consejo de Efesios 4:26, 27 —lamentó una hermana—. ¡Y pocas veces he dormido tan mal!” Es mucho mejor aclarar los asuntos enseguida con el objetivo de hacer las paces. Por supuesto, tal vez necesitemos concedernos mutuamente un poco de tiempo para calmarnos. También es oportuno pedirle a Jehová que nos permita tener la actitud correcta, la cual, entre otras cosas, incluye la humildad. Esta cualidad contribuirá a que nos concentremos en el problema, no en nosotros mismos. De lo contrario, la situación solo empeorará (Col. 3:12, 13). La humildad y la modestia contribuyen a que los casados aprecien las virtudes de su cónyuge. w13 15/5 3:15, 16

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