El recordatorio de Jehová es fidedigno (Sal. 19:7).

Los recordatorios ayudaron a los primeros cristianos a mantener una fe firme. Pablo, quien estaba preso en Roma, le recordó a Timoteo: “Sigue reteniendo el modelo de palabras saludables que oíste de mí” (2 Tim. 1:13). ¡Cuánto debieron animar a Timoteo estas palabras! Por otro lado, el apóstol Pedro, después de estimular a sus hermanos cristianos a cultivar cualidades como el aguante, el amor fraternal y el autodominio, dijo: “Siempre estaré dispuesto a recordarles estas cosas, aunque las conocen y están firmemente establecidos en la verdad” (2 Ped. 1:5-8, 12). En efecto, las cartas que escribieron Pablo y Pedro transmitían “los dichos hablados previamente por los santos profetas” (2 Ped. 3:2). ¿Se molestaron los cristianos del primer siglo por recibir estos recordatorios? No, pues sabían que eran una prueba de que Dios los amaba y quería que siguieran “creciendo en la bondad inmerecida y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 3:18). w13 15/9 1:17, 18