No les faltó nada. Sus mismísimas prendas de vestir no se gastaron, y sus pies mismos no se hincharon (Neh. 9:21).

Hoy día, Jehová nos da todo lo que necesitamos para serle fieles. Nunca dejemos que la falta de fe nos lleve a desobedecerlo como los miles de israelitas que murieron en el desierto. Recordemos que sus historias “fueron escritas para amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado” (1 Cor. 10:1-11). Por desgracia, una vez establecidos en la Tierra Prometida, los israelitas adoptaron los ritos sexuales y los crueles sacrificios humanos con que los habitantes de Canaán adoraban a sus dioses. Por esa razón Jehová permitió que las naciones vecinas los hostigaran. Pero cuando se arrepentían, los perdonaba bondadosamente y los protegía de sus enemigos. Esto ocurría “vez tras vez” (Neh. 9:26-28, 31). Así lo reconocieron los levitas en una oración a Dios: “Seguiste testificando contra ellos por tu espíritu, mediante tus profetas, y ellos no prestaron oído. Finalmente los diste en la mano de los pueblos de las tierras” (Neh. 9:30). w13 15/10 3:14, 15