Abrahán vino a ser llamado “amigo de Jehová” (Sant. 2:23).

Muchas personas a las que hallamos en nuestro ministerio no consideran a Dios su mejor Amigo. ¿Cómo podemos ayudarlas? Examinemos las instrucciones que Jesús dio a 70 de sus discípulos cuando los envió a predicar de dos en dos: “Dondequiera que entren en una casa, digan primero: ‘Tenga paz esta casa’. Y si hay allí un amigo de la paz, la paz de ustedes descansará sobre él. Pero si no lo hay, se volverá a ustedes” (Luc. 10:5, 6). Nuestro trato amigable puede atraer a la gente a la verdad. Y puede disipar la hostilidad de quienes no nos reciben bien y allanar el camino para que otro día nos reciban mejor. Cuando encontramos personas que se aferran a la religión falsa o a costumbres antibíblicas, también las tratamos de manera pacífica y amigable. En nuestras reuniones damos un afectuoso recibimiento a quienes, por sentirse insatisfechos con esta sociedad moderna, desean aprender más sobre el Dios al que adoramos. w14 15/2 4:14, 15