No amemos de palabra ni con la lengua, sino en hecho y verdad (1 Juan 3:18).

Puede ser desgarrador para los hijos comprender que sus padres, que una vez derrocharon vigor y salud, ya no se valen por sí mismos. Tal vez su padre o su madre se ha caído y roto una cadera, o se ha desorientado y perdido, o sufre una dolencia grave. Y luego está la otra cara de la moneda. A los mayores quizás les cueste aceptar que su salud u otras circunstancias limitan su independencia (Job 14:1). ¿Qué puede hacerse? ¿Cómo se les puede cuidar? Un artículo sobre la atención a las personas mayores señala: “Aunque es difícil conversar sobre cuestiones relacionadas con la vejez, las familias que han hablado de las posibles opciones y han planeado lo que harán llegado el momento están mejor preparadas para cualquier situación que surja”. Hay que asumir que los problemas asociados a la vejez son inevitables. Por eso es importante prepararse para afrontarlos tomando de antemano ciertas decisiones. w14 15/3 4:1, 2