No retengas el bien de aquellos a quienes se les debe (Prov. 3:27).

Las personas mayores a veces sufren pérdida de audición, vista o memoria, o también incontinencia, desorientación o depresión. Estos problemas de salud quizás puedan tratarse (Ecl. 12:1-7). Por eso es importante acudir al médico en cuanto surjan, y los hijos tal vez deban tomar la iniciativa en este asunto y, con el tiempo, en otros aspectos que antes estaban en manos de sus padres. A fin de cuidarlos lo mejor posible, tal vez deban convertirse en sus abogados, secretarios o choferes. Con el tiempo quizás haya que hacer cambios en la atención que reciben. Cuanto más pequeños sean tales cambios, más fácil les será adaptarse a ellos. Sin embargo, si ya no es seguro que vivan solos, hará falta más ayuda permanente. Sea cual sea la situación, averigüen qué servicios hay disponibles (Prov. 21:5). w14 15/3 4:10, 11