Contigo está la fuente de la vida (Sal. 36:9).

La vida es una maravillosa dádiva, o regalo, que Jehová nos da. Al usarla para hacer su voluntad, disfrutamos de numerosas bendiciones ahora y tenemos la perspectiva de vivir para siempre en el nuevo mundo (Prov. 10:22; 2 Ped. 3:13). Pero ¿cómo es esto posible, en vista de las lamentables consecuencias del pecado de Adán? Jehová es el Gran Proveedor de muchísimas maneras. Por ejemplo, nos ha mostrado su bondad inmerecida acudiendo en nuestro rescate. Todos somos pecadores y hemos heredado de Adán la imperfección (Rom. 3:23). Aun así, por el amor que nos tiene, tomó la iniciativa para que pudiéramos tener una estrecha amistad con él. El apóstol Juan nos revela lo que hizo: “Por esto el amor de Dios fue manifestado en nuestro caso, porque Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que nosotros consiguiéramos la vida mediante él. El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados” (1 Juan 4:9, 10). w14 15/2 3:6, 7