No me deseches en el tiempo de la vejez; justamente cuando mi poder está fallando, no me dejes (Sal. 71:9).

Probablemente fue David quien hizo esa súplica. Él sirvió a Dios desde su juventud hasta su vejez, y Jehová lo utilizó para realizar grandes hazañas (1 Sam. 17:33-37, 50; 1 Rey. 2:1-3, 10). Aun así, sintió la necesidad de pedirle a Jehová que lo siguiera bendiciendo y cuidando (Sal. 71:17, 18). En las congregaciones hay muchos hermanos como David. A pesar de que han llegado a “los días calamitosos” de la vejez, hacen todo lo que está en su mano para alabar a Dios (Ecl. 12:1-7). Muchos no pueden hacer lo mismo que antes en distintos aspectos de su vida, como el ministerio. Pero, como David, pueden suplicarle a Jehová que siga cuidándolos, seguros de que él contestará sus oraciones. Las Escrituras dejan claro que Jehová tiene en alta estima a los cristianos de edad y espera que los honremos (Sal. 22:24-26; Prov. 16:31;20:29). w14 15/3 3:3-5