Tú, el que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? (Rom. 2:21.)

El apóstol Pablo escribió las palabras del texto de hoy en relación con algunos judíos de su tiempo que no ponían en práctica lo que predicaban. En nuestros días, los precursores dan un ejemplo muy diferente. Por lo general, tienen muchas oportunidades de enseñar la verdad y de impartir clases bíblicas. Pero hacerlo de forma eficaz requiere prepararse para cada clase y, a veces, investigar para responder preguntas. Una precursora llamada Janeen explica: “Cada vez que tengo la oportunidad de enseñar la verdad a otros, noto que se graba más profundamente en mi mente y en mi corazón. El resultado es que mi fe, en lugar de quedarse estancada, sigue creciendo”. Y al observar cómo mejora la vida de quienes estudian la Biblia cuando ponen en práctica sus principios, nuestro aprecio por la sabiduría de Dios aumenta (Is. 48:17, 18). Esto refuerza nuestra determinación de seguir poniendo en práctica dichos principios en nuestra propia vida. w13 15/9 5:6, 7