Rogamos: “Reconcíliense con Dios” (2 Cor. 5:20).

Muchas personas consideran un gran honor recibir un premio por algún logro notable. Por ejemplo, a algunas se les ha otorgado el Premio Nobel por sus esfuerzos en favor de la paz entre bandos rivales. Pero es un honor muchísimo mayor ser utilizados por Dios como embajadores o enviados para ayudar a otras personas a establecer relaciones pacíficas con su Creador. Los testigos de Jehová tenemos ese honor tan singular. Jehová nos utiliza para atraer a la gente hacia él, y así es como millones de personas en más de 235 países y territorios han llegado a disfrutar de una buena relación con él y a abrigar la esperanza de vivir para siempre (Tito 2:11). Con el celo que brota de un corazón sincero, invitamos a “cualquiera que desee [a que] tome gratis el agua de la vida” (Rev. 22:17). Debido a que atesoramos esta misión tan especial y la llevamos a cabo con empeño, se puede afirmar con razón que somos un pueblo “celoso de obras excelentes” (Tito 2:14). w13 15/5 2:1, 2