Hay más felicidad en dar que en recibir (Hech. 20:35).

Con esta sencilla declaración, Jesús describió la esencia de la verdadera generosidad. La persona generosa da de su tiempo, energías y recursos para beneficio de los demás, y lo hace con alegría. La generosidad no se mide por la magnitud del regalo, sino por el motivo con que se da (2 Cor. 9:7). No hay nadie más generoso que Jehová, el “Dios feliz” (1 Tim. 1:11). ¿Cómo lo demuestra Jehová? Pues bien, él satisface las necesidades de todos los seres humanos, incluso de los que no lo adoran. “Jehová es bueno para con todos.” (Sal. 145:9.) “Hace salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos.” (Mat. 5:45.) Por esta razón, el apóstol Pablo pudo decirles a personas no creyentes que Dios “hizo bien, dándoles lluvias desde el cielo y épocas fructíferas, llenando por completo sus corazones de alimento y de alegría” (Hech. 14:17). En efecto, Jehová es generoso con todos los seres humanos (Luc. 6:35). w13 15/6 2:4, 5