Deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas (Heb. 13:18).

Como estamos decididos a “comportarnos honradamente en todas las cosas”, no nos aprovechamos de nuestros hermanos cristianos. Si trabajan para nosotros, nos aseguramos de tratarlos bien y de pagarles lo que hayamos acordado con ellos; los cristianos somos honrados con nuestros empleados y con todo el mundo. Y si nosotros trabajamos para un hermano en la fe, tenemos cuidado de no aprovecharnos de él exigiendo un trato especial. Con frecuencia oímos a no Testigos hablar de lo satisfechos que se sienten al tratar con nosotros. Por ejemplo, el director de una gran empresa de construcción observó que los Testigos son personas de palabra. “Ustedes siempre cumplen su parte del trato”, dijo (Sal. 15:4). Ese comportamiento no solo nos permite mantener la amistad con Jehová, nuestro amoroso Padre celestial, sino que también le trae gloria. w14 15/2 4:12, 13