Ezequías se decidió a cegar las aguas de los manantiales (2 Crón. 32:3).

Ezequías no se limitó a cegar los manantiales o reforzar los muros de la ciudad; lo que hizo a continuación fue aún más importante (2 Crón. 32:5). Como era un pastor responsable, reunió al pueblo y lo animó espiritualmente con estas palabras: “No tengan miedo ni se aterroricen a causa del rey de Asiria […]; porque con nosotros hay más que los que hay con él. Con él está un brazo de carne, pero con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y para pelear nuestras batallas”. ¡Cuánto debió de fortalecer la fe de los habitantes de Jerusalén que se les recordara que Jehová peleaba por ellos! El relato continúa diciendo: “El pueblo empezó a apoyarse en las palabras de Ezequías el rey de Judá”. Notemos que fueron “las palabras de Ezequías” las que hicieron que el pueblo cobrara ánimo. Él, sus príncipes y sus hombres poderosos, así como los profetas Miqueas e Isaías, fueron buenos pastores, tal como Jehová había predicho (2 Crón. 32:7, 8; Miq. 5:5, 6). w13 15/11 3:12, 13