Muy desagradable le resultó aquella cosa a Abrahán, en lo que tocaba a su hijo (Gén. 21:11).

Hasta el más feliz de los matrimonios es imperfecto, así que dos personas que se aman no siempre están de acuerdo. Eso es lo que les ocurrió a Abrahán y Sara (Gén. 21:9, 10). Ahora bien, sus diferencias no abrieron una brecha en su unión. ¿Por qué? Porque se trataron con dignidad y respeto. Por ejemplo, Abrahán le dijo a Sara “por favor” (Gén. 12:11, 13). Y ella le obedecía y lo consideraba su “señor” (Gén. 18:12). La falta de respeto en la pareja suele manifestarse en la forma de hablar y en el tono de voz (Prov. 12:18). Si no resuelven el problema de fondo, su matrimonio podría acabar siendo un desastre (Sant. 3:7-10, 17, 18). Quienes necesitan hacer un esfuerzo especial por hablarse con bondad y respeto son los recién casados. Deben crear un ambiente en el que sea fácil expresarse con libertad y franqueza. w13 15/5 3:11, 12

Anuncios