Existe un amigo más apegado que un hermano (Prov. 18:24).

Cuando acompañe a otro cristiano a predicar, resista la tentación de interrumpirlo mientras él esté desarrollando una línea eficaz de razonamiento. Su desbordante entusiasmo podría desanimarlo a él y confundir a la persona. A veces quizás sea apropiado que usted intervenga. Pero si opta por decir algo, limítese a hacer un breve comentario o dos y deje que su compañero prosiga con la conversación. ¿Cómo pueden ayudarse al ir de una puerta a otra? ¿Por qué no aprovechar el tiempo para ver maneras de mejorar su presentación? Tenga cuidado de que sus comentarios sobre quienes viven en el territorio no sean negativos. Igualmente, no caiga en la trampa de concentrarse en los defectos de otros evangelizadores. Nos conviene recordar que somos “vasos de barro” y que es una extraordinaria expresión de bondad que Jehová nos haya confiado el ministerio de las buenas nuevas (2 Cor. 4:1, 7). w13 15/5 1:18, 19