Les rogamos, hermanos, que no se dejen confundir tan fácilmente (2 Tes. 2:1, 2, Traducción en lenguaje actual).

La experiencia demuestra que uno de los principales modos de mantenernos en guardia y evitar que nos confundan o engañen es participar regularmente en la predicación de las buenas nuevas. Cuando Jesucristo, Cabeza de la congregación, les encomendó a sus seguidores hacer discípulos de gente de todas las naciones y enseñarles a observar lo que habían aprendido de él, en realidad les estaba encargando una labor que les serviría de protección a ellos mismos (Mat. 28:19, 20). Para cumplir con esa comisión, tenemos que predicar con entusiasmo. ¿Acaso nos imaginamos a los hermanos de Tesalónica predicando de manera mecánica, tan solo por cumplir? Recordemos las palabras que les dirigió Pablo: “No apaguen el fuego del espíritu. No traten con desdén el profetizar” (1 Tes. 5:19, 20). ¿Y verdad que las profecías que enseñamos nos infunden un sentido de urgencia? w13 15/12 1:14