La vida pasa rápidamente, y volamos (Sal. 90:10).

Cuando usted comience a cuidar a su padre o a su madre, investigue todo lo que pueda sobre sus dolencias. Si él o ella sufre una enfermedad degenerativa, entérese de los cambios que puede esperar (Prov. 1:5). Al pensar en cómo van a cambiar sus circunstancias familiares, usted pudiera sentirse desconcertado. Por ejemplo, podría tener una sensación de pérdida, o sentirse aturdido o confuso. Hable de ello con algún amigo de confianza. Y sobre todo, ábrale su corazón a Jehová, pues él le dará la paz mental que necesite para afrontar cualquier situación (Sal. 55:22; Prov. 24:10;Filip. 4:6, 7). Es bueno que los mayores y sus familias se informen con tiempo de las opciones disponibles. Por ejemplo, ¿convendría que el padre o la madre viviera con uno de los hijos? ¿O sería mejor que ingresara en una residencia de ancianos? ¿Qué otras opciones habría? Este análisis les permite prepararse para el “penoso afán” que conlleva la vejez. w14 15/3 4:4, 5