El espíritu y la novia siguen diciendo: “¡Ven!”. Y cualquiera que oiga, diga: “¡Ven!”. Y cualquiera que tenga sed, venga; cualquiera que desee, tome gratis el agua de la vida (Rev. 22:17).

Ver la condición de miseria espiritual en que viven las personas a las que predicamos hace que apreciemos más la verdad. La gente del mundo no cuenta con una guía confiable para lograr satisfacción y felicidad. A la mayoría les preocupa el futuro y no tienen ninguna esperanza. Le buscan significado a la vida, pero hasta los que son religiosos saben muy poco de las Escrituras. Se parecen mucho a la gente de la antigua Nínive (Jon. 4:11). Una mayor participación en el ministerio nos permite ver más claramente el contraste que existe entre la condición espiritual de las personas a quienes predicamos y la de los siervos de Jehová (Is. 65:13). Y nos recuerda que Dios no se limita a satisfacer nuestras necesidades espirituales, sino que invita a todos a recibir alivio espiritual y una esperanza verdadera. w13 15/9 5:4