Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes, animándonos unos a otros (Heb. 10:24, 25).

La expresión “considerémonos unos a otros” transmite la idea de pensar en las necesidades de los demás, tenerlas en cuenta. ¿Estaríamos interesándonos por las necesidades de nuestros hermanos si nos limitáramos a saludarlos brevemente en el Salón del Reino o a hablar de cosas de poca importancia? Difícilmente. Claro, tampoco es cuestión de andar entremetiéndonos “en asuntos ajenos” (1 Tim. 5:13;1 Tes. 4:11). Pero si queremos fortalecer a nuestros hermanos, tenemos que conocerlos bien: su situación en la vida, sus cualidades, su amor por Jehová y sus puntos fuertes y débiles. Deben vernos como sus amigos y tener la plena seguridad de que los queremos. Esto requiere pasar tiempo con ellos, no solo cuando tienen problemas y están desanimados, sino en otras ocasiones también (Rom. 12:13). w1315/8 3:4, 5

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