Hicieron los arreglos para que Pablo y Bernabé y algunos otros de ellos subieran a donde los apóstoles y ancianos en Jerusalén (Hech. 15:2).

“Los apóstoles y ancianos en Jerusalén” formaban una junta directiva, o cuerpo que gobernaba la congregación cristiana. Como Cabeza de la congregación, Cristo se valió de este pequeño grupo de hombres para aclarar cuestiones doctrinales, así como para supervisar y dirigir la tarea de predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino (Hech. 15:6-29; 21:17-19; Col. 1:18). ¿Bendijo Jehová el sistema que su Hijo empleó para alimentar a las congregaciones del siglo primero? No cabe la menor duda. El libro de Hechos informa: “A medida que [el apóstol Pablo y sus acompañantes] iban viajando por las ciudades entregaban a los de allí, para que los observaran, los decretos sobre los cuales habían tomado decisión los apóstoles y ancianos que estaban en Jerusalén. Por lo tanto, en realidad, las congregaciones continuaron haciéndose firmes en la fe y aumentando en número de día en día” (Hech. 16:4, 5). w13 15/7 3:10, 11