Cíñanse con humildad mental los unos para con los otros, porque Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los humildes (1 Ped. 5:5).

En el primer siglo, el pueblo de Dios recibía constantes recordatorios. En repetidas ocasiones, Jesús les recalcó a sus discípulos la importancia de ser humildes. Pero no se limitó a decirles que lo fueran, sino que les demostró cómo serlo. En su último día de vida en la Tierra se reunió con sus apóstoles para celebrar con ellos la Pascua. Mientras comían, se levantó y comenzó a lavarles los pies, algo que normalmente haría un siervo (Juan 13:1-17). Este gesto de humildad les causó una profunda impresión. Unos treinta años más tarde, el apóstol Pedro, quien fue uno de los que habían estado presentes en aquella cena, dio a sus hermanos el consejo que encontramos en el texto de hoy. El ejemplo de Jesús debe impulsarnos a todos a ser humildes al tratar con los demás (Filip. 2:5-8). w13 15/9 1:12