Es necesario que prestemos más de la acostumbrada atención a las cosas oídas por nosotros, para que nunca se nos lleve a la deriva (Heb. 2:1).

Cuando alguien está en una barca que se va a la deriva en un río, puede que al principio no se dé cuenta de lo que pasa, pues se va distanciando de la ribera poco a poco. Este ejemplo ilustra lo que ha ocurrido con algunos que se han dejado engañar y han permitido que su confianza en la verdad se debilite. Hoy en día, estamos rodeados de distracciones que consumen tiempo. Pensemos, por ejemplo, en las horas que la gente pasa absorta en alguna afición, metida en redes sociales, escribiendo y contestando mensajes electrónicos o manteniéndose al día con las últimas novedades del mundo del deporte. Cualquiera de estas actividades puede distraernos y apagar nuestro entusiasmo por la verdad. Como resultado, quizás nuestras oraciones se vuelvan monótonas y descuidemos el estudio de la Biblia, la asistencia a las reuniones y la predicación. Sin embargo, para no perder de vista que vivimos en “los últimos días”, es esencial leer y estudiar la Biblia diariamente (2 Ped. 3:3, 4). w13 15/12 1:11-13