Dios no permitió que ningún humano los defraudara, antes bien, a causa de ellos censuró a reyes (Sal. 105:14).

Por lealtad a su amigo Abrahán, Jehová le prometió: “Reyes saldrán de ti” (Gén. 17:6; Sant. 2:23). Y les repitió a Isaac y a Jacob, el hijo y el nieto de Abrahán, respectivamente, la promesa de bendecirlos. Tal bendición incluiría el hecho de que de su descendencia salieran reyes (Gén. 26:3-5; 35:11). Ahora bien, antes de que aparecieran estos reyes, los descendientes de Jacob llegaron a ser esclavos en Egipto. ¿Significó esto que Jehová no iba a cumplir su promesa y que había renunciado a ser el Soberano de la Tierra? Por supuesto que no. A su debido tiempo, demostró su poder y dejó claro que su autoridad era muy superior a la del testarudo faraón. Y como los israelitas confiaron en él, los liberó de manera espectacular a través del mar Rojo. Jehová seguía siendo el Soberano del universo. Y, como Padre amoroso, usó su inmenso poder para proteger a su pueblo (Éx. 14:13, 14). w14 15/1 1:11, 12

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