¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! (Rom. 11:33.)

Pensar en alguien a quien queremos y hablar de esa persona fortalece nuestros vínculos con ella. Lo mismo es cierto de nuestra amistad con Jehová. Cuando era pastor, David pasó muchas noches meditando en el incomparable Creador de los cielos estrellados. Escribió: “Cuando veo tus cielos, las obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente, y el hijo del hombre terrestre para que cuides de él?” (Sal. 8:3, 4). Cuando predicamos, pensamos en Jehová y hablamos de él. Estas acciones nos benefician. Muchos evangelizadores de tiempo completo han descubierto que una de las bendiciones de hacer más por el Reino es que crece su amor por Dios. En efecto, hablar de las bendiciones que traerá el Reino nos acerca más a Jehová. w13 15/9 5:1-3

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