Estarás conmigo en el Paraíso (Luc. 23:43).

Millones de personas hemos tomado la sabia decisión de servir a Jehová y seguir con atención los pasos de Jesucristo (Mat. 16:24; 1 Ped. 2:21). No consideramos de poca importancia el hecho de haber dedicado nuestra vida a Dios. En realidad, tal elección no se basó en un conocimiento superficial de unos cuantos textos bíblicos, sino en un estudio cuidadoso de la Palabra de Dios. Gracias a él aprendimos muchos detalles que nos fortalecieron la fe, detalles relacionados con la herencia que Jehová ofrece a los que adquieren conocimiento de él y de su enviado, Jesucristo (Juan 17:3; Rom. 12:2). Un número relativamente pequeño de cristianos anhela recibir “una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible”: el inestimable privilegio de gobernar con Cristo en los cielos (1 Ped. 1:3, 4). Las otras ovejas recibirán la herencia que los pecadores Adán y Eva nunca recibieron: vida eterna en un paraíso terrestre sin más sufrimiento, muerte o lamento (Rev. 21:1-4). w13 15/5 5:1, 3

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