Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes (Heb. 10:24).

Tras establecerse el Reino de Dios en 1914, Satanás fue expulsado del cielo y arrojado a la Tierra, por lo que siente “gran cólera, sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo” (Rev. 12:7-9, 12). A medida que se acerca el Armagedón, el Diablo se vale de todo tipo de ataques para debilitarnos. Y a esto le tenemos que añadir las presiones de la vida cotidiana (Job 14:1; Ecl. 2:23). En ocasiones, la suma de tantas dificultades puede agotarnos de tal manera que no tengamos las fuerzas emocionales y espirituales suficientes para luchar contra el desánimo. Ese fue el caso de un hermano que por muchas décadas había fortalecido en sentido espiritual a decenas de personas. En su vejez, él y su esposa se enfermaron, y aquello lo desanimó muchísimo. Igual que él, todos nosotros necesitamos que Jehová nos dé “el poder que es más allá de lo normal” y que nuestros hermanos nos animen (2 Cor. 4:7). w13 15/8 3:3

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