Vendrán los días calamitosos y llegarán los años en que dirás: “No tengo en ellos deleite” (Ecl. 12:1).

Llega un momento en que la mayoría de las personas mayores ya no pueden cuidarse por sí mismas y necesitan ayuda (Ecl. 12:2-7). Junto con sus hijos adultos, deben decidir cuál será el mejor tipo de ayuda y buscar soluciones a su alcance. Suele ser conveniente que se reúnan para determinar las necesidades, decidir qué se hará y hablar de cómo colaborará cada uno. Todos los implicados, en especial los padres, deben tratar de expresarse con franqueza y ser realistas. Por ejemplo, pueden evaluar si, con alguna ayuda extra, los padres podrían seguir viviendo en su propio hogar de forma segura. También podrían analizar cómo cada uno puede colaborar en el cuidado diario o en dar ayuda económica (Prov. 24:6). Todos deben comprender que tienen un papel que cumplir; sin embargo, tal vez ese papel cambie con el tiempo y haya que turnarse de algún modo. w14 15/3 4:3