Hay tiempo de callar y tiempo de hablar (Ecl. 3:1, 7).

“Ahora comprendo que en algunas ocasiones no es bueno tratar ciertos temas”, comentó una hermana que lleva diez años casada. Y añadió: “Si mi esposo está cargado de trabajo y obligaciones, dejo pasar un poco de tiempo antes de hablar de ciertos asuntos. Gracias a eso, nuestras conversaciones son mucho más calmadas”. La esposa prudente también se expresa con amabilidad, consciente de que una palabra bien elegida y “hablada al tiempo apropiado” es atrayente y valiosa (Prov. 25:11). Un esposo cristiano debe hacer su parte no solo escuchando a su esposa, sino también tratando de expresar sus sentimientos con claridad. También es útil buscar un momento oportuno, quizás cuando ambos estén a solas analizando el texto diario o leyendo la Biblia. Es importante que los dos cónyuges valoren la oración y estén decididos a ser mejores comunicadores. w13 15/5 3:6-8

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