Apacienta mis ovejitas (Juan 21:17).

Los apóstoles tuvieron siempre muy presente su responsabilidad de alimentar a las ovejas de Jesús. Observe, por ejemplo, cómo se encargaron de un incidente que podría haber causado divisiones en la recién formada congregación. Curiosamente, el problema tenía que ver con alimento, en este caso alimento físico. A diferencia de las viudas de habla hebrea, las de habla griega no eran tenidas en cuenta al repartir diariamente la comida. ¿Cómo resolvieron los apóstoles esta delicada cuestión? “Los doce” nombraron a siete hombres capacitados para supervisar aquel “asunto necesario”, la distribución de la comida. Los apóstoles —la mayoría de los cuales sin duda habían participado en repartir la comida a las multitudes a las que Cristo había alimentado— vieron que era más importante concentrarse en alimentar a los hermanos espiritualmente. Por ese motivo, se dedicaron “al ministerio de la palabra” (Hech. 6:1-6). w13 15/7 3:7, 9