Las cualidades invisibles de Dios se ven claramente (Rom. 1:20).

La sabiduría de Jehová se ve claramente en los ciclos que sustentan nuestra vida. Piense en el ciclo del oxígeno. Miles de millones de personas y animales consumen oxígeno y expulsan dióxido de carbono. No obstante, el oxígeno nunca se acaba y la atmósfera nunca se satura de dióxido de carbono. ¿Por qué? La clave está en un fascinante proceso llamado fotosíntesis. Mediante este proceso, las plantas de hoja verde transforman el dióxido de carbono, el agua, la luz solar y los nutrientes que absorben en carbohidratos y oxígeno. El ciclo se cierra cuando nosotros respiramos el oxígeno. Jehová usa la vegetación que él mismo diseñó para dar a todos “vida, y respiración” (Hech. 17:25, Reina-Valera, 1909). Brillante, ¿no es cierto? El ingenio de Jehová también se observa en el sinfín de criaturas que habitan nuestro singular planeta. El número de especies varía entre dos y cien millones, dependiendo de los cálculos (Sal. 104:24). La inteligencia de Jehová es evidente en el diseño de todas ellas. w13 15/10 1:5, 8-10

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